
BIOGRAFÍA
Director y cinematógrafo nacido en Argel en 1986, Hassen Ferhani descubrió el cine en el cine-club de su barrio de la mano de películas de autores como Tarkovski, Antonioni, Kiarostami y Cassavetes. En 2004 se unió a la asociación cultural Chrysalide, que organiza un cine-club semanal y sería en su seno donde realizó su primer corto Bays of Algiers (2006).
Tras un curso de formación estival en La FEMIS (París, 2008), dirigió varios cortos documentales premiados en Visions du Réel y FID Marsella: Afric Hotel (2010) co-dirigido con Nabil Djedouani) y Tarzan, Don Chichotte et nous (2013): una mirada documental sobre su ciudad.
Su primer largometraje, Roundabout in My Head, estrenado en febrero de 2016, recibió numerosos galardones (gran premio en la sección competitiva francesa del FID, McMillan-Stewart Fellowship de Harvard, dos Tanit de oro en Cartago a la mejor ópera prima…). Su segundo largometraje, 143 Sahara Street (presentado en AFRIKALDIA 2022), ganó el Leopardo de plata al mejor film in Locarno 2019.
FILMOGRAFÍA
Alea Jacarandas (2026). Largometraje documental (78’).
143 Sahara Street (2019). Largometraje documental (100’).
Roundabout In My Head (2016). Largometraje documental (101’).
Tarzan, Don Chichotte and Us (2013). Cortometraje documental (18´).
Afric Hotel (2010). Mediometraje documental (53´).
Le vol du 149 (2008). Cortometraje documental (14´).
Bays of Algiers (2006). Cortometraje documental (14´).
DECLARACIONES
Deseaba filmar Argel y alejarme de las representaciones habituales. Partir de las “travesías de Argel”, por retomar un título de un libro de mi padre. Así como Ameziane (mi padre) trata de evitar caer en el orientalismo en sus escritos, quería evitarlo sirviéndome del cine. Se trata también de un film sobre la mirada: aprendemos a ver, sobre todo los jacarandas, estos árboles majestuosos presentes en toda la ciudad a los que no prestamos atención.
(…) El alma de una ciudad está en sus habitantes. Está presente en la película y también en la novela y en cómo vive Ameziane. El mismo día, podía hablar con ministros y jóvenes del barrio con igual nivel de entusiasmo. He tenido la suerte de crecer en un barrio de Argel donde vivíamos todos los estratos sociales.
(…) Cuando pregunté a mi padre qué representaba este árbol en su libro, me respondió que el jacaranda simbolizaba el negarse a renunciar y el acto de resistencia de la poesía. Me decía a menudo: “Fueron las mujeres las que nos salvaron en los años 90. Eran hermosas, se vestían bien, salían… mantuvieron encendida la llama de la belleza”. Con el jacaranda, encontró el símbolo perfecto. Este árbol majestuoso y colorido al que nadie presta atención. En el mundo inestable en el que vivimos, esta atención a la poesía es, según mi parecer, un verdadero acto de resistencia.

